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La eyaculación precoz (EP) es considerada un problema sexual y tratado como tal, desde hace no excesivas décadas, cuando se comienza a dar importancia al placer femenino, tras reivindicar la propia mujer el derecho a la gratificación sexual.
Cuando las mujeres desean compartir el placer con su pareja, el hecho de que el varón no pueda sostener la relación coital, puede generar un conflicto. Es frecuente que muchos hombres lleguen a cuestionarse su virilidad e, incluso, su valor como personas. Sus parejas pueden expresar enfado o, más bien, desánimo, pudiendo llegar a percibir una falta de consideración y egoísmo por parte del varón, por no prestarle atención a sus propios requerimientos sexuales. Concepto actual.
El varón sexualmente normal tiene un control voluntario sobre su reflejo de la eyaculación, por ser capaz de percibir las sensaciones premonitorias de la eyaculación. Control voluntario normal no significa ser capaz de detener el reflejo orgásmico mientras se mantiene la excitación máxima durante horas, a la espera de que su pareja alcance el clímax, a excepción de que se sufra el trastorno opuesto, la eyaculación retardada/inhibida, muy frecuentemente secundaria a los psicofármacos –principalmente antidepresivos tricíclicos e inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) y neurolépticos.
Por control adecuado de la eyaculación se entiende un grado razonable de control voluntario que permite que un hombre prosiga los movimientos coitales mientras se encuentra en un alto nivel de excitación y de placer, hasta que “decide irse” y eyacular. Unas veces deseará un excitante “coito rápido” y disfrutará alcanzando su clímax al cabo de uno o dos minutos. Otras veces hará durar el placer durante cinco, diez o más minutos. En ocasiones, los hombres desean esperar hasta que su pareja alcance el orgasmo. En otras ocasiones pueden sentirse inclinados a seguir su propio ritmo, estimulando quizás a su pareja para que alcance el orgasmo antes o después del coito.
Pero los eyaculadores precoces no han aprendido a ejercer este tipo razonable de control voluntario y no tienen elección. Eyaculan rápidamente, en contra de su voluntad, en cuanto alcanzan un elevado nivel de excitación, en ocasiones antes de la penetración. El eyaculador precoz no es un inhábil sexual, no es un inepto, no presenta –al menos, en principio- anomalía anatomo-fisiológica ni patología psico-sexual alguna , simplemente presenta un déficit de aprendizaje del control del reflejo de la eyaculación.
Los criterios que se siguen actualmente para definir este trastorno son los siguientes: · Eyaculación persistente o recurrente en respuesta a una estimulación sexual mínima antes, durante o poco tiempo después de la penetración y antes de que la persona lo desee. El clínico debe tener en cuenta factores que influyen en la duración de la fase de excitación como son la edad, la novedad de la pareja o la situación y la frecuencia de la actividad sexual. · La alteración provoca malestar acusado o dificultades en las relaciones interpersonales. · La EP no es debida exclusivamente a los efectos directos de alguna sustancia (por ejemplo, abstinencia de opiáceos). Diagnóstico.
Es sumamente fácil. Se realiza a través de la entrevista clínica esencialmente, acompañada de la exploración física.
Evaluación de origen orgánico (no rutinaria). Puede precisar de un estudio neurológico y de un estudio hormonal. En la actualidad, la EP no es considerada una patología sexual en sentido estricto, sino un defecto de aprendizaje del control del reflejo de la eyaculación. |