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Las personas con discapacidades más o menos evidentes pueden sentirse diferentes y pensar que los demás también lo creen así, sintiéndose desplazados y quizás discriminados al verse distintos de los estándares de belleza que nos ofrecen los medios de comunicación. Se puede perder cierta independencia con respecto a otras personas de la misma edad. Sus sensaciones y sueños son iguales a las del resto, al igual que sus derechos y obligaciones. Y hay que exigir los derechos. Derechos, todos; lástima, ninguna. Por tanto, no asumir rechazo por culpa de su cuerpo. No practicar la autocompasión. Todos podemos sentirnos inseguros y frustrados. Dichos pacientes serán valorados por sus capacidades humanas e intelectuales y se aceptará con normalidad –como no puede ser de otra forma- las limitaciones de su discapacidad. Y lucharán como el resto de los humanos por la autoconfianza, la intimidad, la sexualidad, el amor…y las enfermedades –como todos-.
El concepto de INTIMIDAD puede incluir entre sus valores términos como sexo, amor, compartir sueños y temores y aceptación imprescindible para superar barreras. En sentido negativo la esfera de lo íntimo se puede traducir en vulnerabilidad, sexualidad dificultosa, miedo al rechazo, incluso vergüenza. |