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La conducta sexual,
al igual que el comportamiento humano, es plural y compleja y desafía los
esquemas de clasificación en exceso simplistas.
No es fácil delimitar los conceptos de
normalidad y anormalidad en la sexualidad humana.
Su distinción es un tanto arbitraria y
generalmente presupone juicios de valor de uno u otro género. Según un
diccionario es normal todo lo que se adecúa a un patrón usual o característico.
Pero lo insólito y atípico no sólo cambia según las culturas, sino que varía
con el paso del tiempo.
Desde una perspectiva sociológica, la
conducta que va más allá de los límites de los hábitos aceptados y de las
normas de una colectividad determinada se considera pervertida. Desde un prisma
estadístico, es normal lo común, lo mayoritario, mientras que se considera
anormal lo excepcional o raro. Desde una óptica psicológica, es anormal lo que
genera una sensación personal y subjetiva de malestar, angustia o aflicción
como la ansiedad, la depresión o el sentimiento de culpa.
Resulta sencillo afirmar que una persona que
se masturba una o dos veces por semana no muestra un comportamiento sexual
anormal que sí exhibe el individuo que se masturba compulsivamente diez veces
al día. Pero...¿dónde trazamos la línea divisoria normalidad/anormalidad?
PARAFILIAS
Se llama parafilia a todo estado en el que la
excitación sexual y la gratificación del individuo están supeditadas por entero
a la fantasía recurrente de una experiencia sexual insólita que se convierte en
el foco principal de la conducta sexual.
La parafilia puede girar en torno a un objeto
sexual concreto (animales, niños u otras personas que no consienten, ropa
interior), o a un acto sexual determinado (infligir o sufrir dolor o
humillación, telefonía obscena).
EPIDEMIOLOGÍA
Se desconocen las tasas de prevalencia, pues
se diagnostican raramente en Atención Primaria. Todas las parafilias son casi
exclusivas de los varones y las más observadas en consultas especializadas son la Pedofilia, el Voyeurismo
y el Exhibicionismo, aunque últimamente recibimos con frecuencia creciente
casos de Adicción al sexo por Internet y a las líneas eróticas telefónicas.
SÍNTOMAS
Los parafílicos, si se deciden a hacerlo,
tardan mucho tiempo en consultar su problema y cuando lo hacen o son portados por
la justicia manifiestan –no siempre- intensos sentimientos de culpa, baja
autoestima, sentimiento de incapacidad de relacionarse con mujeres adultas
–insisto en que casi siempre son hombres-, vergüenza y depresión. Los pedófilos
con frecuencia no empatizan, es decir no saben ponerse en lugar de sus
infantiles víctimas e intentan autojustificar sus delitos. Son frecuentes los
trastornos de la personalidad –especialmente la inmadurez emocional- y las
disfunciones sexuales. Pueden coexistir problemas de abuso de alcohol y/o
drogas.
Criterios de gravedad:
- Leve.
La persona se siente marcadamente perturbada por los impulsos parafílicos
recurrentes pero nunca ha actuado según éstos.
- Moderada.
La persona ha actuado ocasionalmente según sus impulsos parafílicos.
- Grave.
La persona ha actuado repetidamente según sus impulsos parafílicos.
Entre las parafilias
se incluyen:
· Exhibicionismo : Exposición de los propios genitales
a un extraño que no lo espera.
· Fetichismo : Fantasías ligadas al uso de objetos
no animados –p.e.: zapatos, ropa interior femenina...-
· Frotteurismo : Tocar y rozar a una
persona en contra de su voluntad -en aglomeraciones, autobuses...-
· Pedofilia : Interés y actividad
sexual con niños/niñas prepuberales o hasta 13 años.
· Masoquismo sexual : Acto de ser
humillado, pegado, atado o cualquier otro tipo de sufrimiento, con lo que logra
elevada excitación sexual.
· Sadismo sexual : Actos en los que el sufrimiento
psicológico o físico
-incluyendo la humillación- de la
víctima es sexualmente excitante.
· Fetichismo
transvestista o
Transvestismo: Vestirse con ropas del otro sexo.
· Voyeurismo : Observar ocultamente y sin sospecha
por parte de ésta a una persona desnuda, desnudándose o en plena actividad
sexual.
PARAFILIA NO ESPECIFICADA
· Escatología
telefónica : Llamadas
obscenas.
· Necrofilia : Excitación sexual que se experimenta
mediante la vista o el contacto sexual con un cadáver
· Apotemnofilia : Atracción sexual por las amputaciones
propias o del compañero sexual.
· Parcialismo : Atención centrada exclusivamente en
una parte del cuerpo.
· Zoofilia o
Bestialismo: Fantasear
repetidamente o tener contacto sexual con animales
· Coprofilia : Obtención de placer sexual mediante el
contacto con las heces
· Clismafilia : Excitación sexual obtenida
preferencial o exclusivamente, mediante el uso de enemas.
· Urofilia
: Obtención de placer sexual
mediante el contacto con la orina.
No es infrecuente que un sujeto
presente a la vez más de una parafilia.
El estímulo
preferido puede ser altamente específico.
Pueden solicitar los
servicios de prostitutas o incluso obligar a sus víctimas a realizarlas.
Escogen profesión,
hobby o se ofrecen voluntarios para oficios que les acerquen al estímulo
erótico deseado -vender zapatos o lencería [fetichismo], trabajar con niños
[pedofilia] o conducir ambulancias [sadismo]-.
Miran, leen,
coleccionan fotografías, películas o libros donde aparezca el tipo de estímulo
preferido.
Muchos no sienten
ningún malestar, su problema es el conflicto social, la reacción de los demás,
sólo temen ser descubiertos por el escándalo familiar y social y/o por miedo a
la acción de la justicia.
Otros sienten culpa,
vergüenza y depresión porque sus actividades sexuales no son aceptadas
socialmente o que ellos mismos consideran inmorales.
Les es difícil
desarrollar una sexualidad recíproca y afectiva, ésto les puede producir
disfunciones sexuales.
Las alteraciones de
la personalidad son frecuentes. No obstante, no suele tratarse de enfermos
psiquiátricos.
Pueden aparecer
síntomas depresivos, provocándoles un aumento del comportamiento parafílico.
Relaciones sexuales
sin protección que pueden provocarles infecciones y enfermedades de transmisión
sexual.
Los comportamientos
sádicos o masoquistas pueden producir lesiones y poner en peligro la vida.
Lo que se considera
desviación en una cultura puede resultar del todo aceptable en otra.
Algunos
comportamientos parafílicos se inician en la infancia y se definen a partir de
la adolescencia.
A veces existen
períodos de tiempo en los que su frecuencia e intensidad varían de modo
sustancial.
Se cronifican y
duran muchos años, pero suelen disminuir de intensidad con el paso del tiempo.
Pueden aumentar con estímulos psicosociales estresantes, por otros trastornos o
con la oportunidad de poder practicar la parafilia.
FETICHISMO
El fetichismo se da cuando el
objeto sexual es sustituido por otro relacionado con él, pero al mismo tiempo
totalmente inapropiado para servir al fin sexual normal, esta selección del
fetiche es debida a circunstancias accidentales. Los adeptos al fetichismo
raramente lo consideran como un síntoma patológico, suelen estar muy conformes
con el mismo y elogian su ventajas en cuanto a satisfacción erótica.
El sustitutivo del objeto sexual
suele ser una parte del cuerpo muy poco apropiada para fines sexuales (los
pies, el cabello,...) o un objeto que está visiblemente relacionado con la
persona sexual, y en especial con la sexualidad de esa persona (prendas de
vestir, ropa íntima,..). Este sustitutivo se compara con el fetiche en el que
los pueblos primitivos encarnan a su dios.
El fetichismo se convierte en más
drástico, cuando para realizar el fin sexual, es preciso que el objeto sexual
posea una condición fetichista, un determinado color de cabello, un vestuario
específico, o un defecto físico. Entra dentro de lo normal cuando se basa en
una supervaloración del objeto sexual, que se extiende a todo lo que con él se
halla en conexión. Es propio del amor normal cierto grado de fetichismo, sobre
todo cuando el fin sexual normal es inasequible o en los que su realización
aparece aplazada.
El caso patológico surge cuando el
deseo hacia el fetiche se fija pasando sobre esa condición y se coloca en lugar
del fin normal o cuando el fetiche se separa de la persona y se convierte
en sí mismo en único fin sexual.
En la elección de fetiche
interviene la influencia continuada de una intimidación sexual experimentada
normalmente en la infancia. En otros casos es una asociación de ideas
simbólicas inconscientes lo que ha conducido a la sustitución del objeto por el
fetiche.
Según Freud, el fetiche es un
sustituto del pene, el pene que el niño atribuye a la mujer. El niño rehúsa
tomar conocimiento del hecho percibido por él de que la mujer no tiene pene,
pues ésto puede poner en peligro su propia posesión de un pene, a su vez le
llevará a sentir cierta aversión por los genitales femeninos.
El fetiche subsiste como emblema de
triunfo sobre la amenaza de castración y como salvaguardia contra ésta; además
evita al fetichista convertirse en homosexual, pues confiere a la mujer aquel
atributo que la torna aceptable como objeto sexual.
Se conserva como fetiche la última
impresión percibida antes de la que tuvo lugar el traumático descubrimiento al
espiar los genitales femeninos, son así fetiches: el pie, los zapatos, la piel,
el terciopelo (vello púbico), la ropa interior,.. Un ejemplo es la costumbre
china de mutilar el pie a la mujer para adorarlo luego como fetiche, como
agradecimiento por haberse sometido a la castración.
EL SADO-MASOQUISMO
En contra de la creencia popular,
el masoquista no es necesariamente el que disfruta de que le den golpes y
patadas. Más bien corresponden a un espectro en el que tienen cabida desde la
exploración directa de la sensibilidad cutánea y muscular, pasando por el
ensayo a prueba de la representación de diversos papeles, hasta el masoquismo
auténtico, que es el deseo de recibir castigo en expiación de la sexualidad y,
en casos extremos, en expiación de la propia existencia.
La sexualidad de la mayor parte de
los hombres muestra una mezcla de agresión, de tendencia a dominar, cuya
significación biológica estará quizá en la necesidad de vencer la resistencia
del objeto sexual de un modo distinto a los actos de cortejo. El sadismo se
corresponderá con un componente agresivo del instinto sexual exagerado y
colocado en primer término, llegando a la satisfacción con el sometimiento y
mal trato de su objeto sexual.
Mientras el masoquista reúne las
actitudes pasivas de la relación erótica, siendo su extremo el voluntario
padecimiento de dolor físico o anímico producido por su objeto sexual. Suele
darse el masoquismo como continuación del sadismo dirigida contra el propio yo
que se coloca como objeto sexual, por lo que las dos formas aparecen casi
siempre en la misma persona, aunque una de las dos formas se haya mas
desarrollada constituyendo su carácter predominante.
El masoquismo en ocasiones surge de
la combinación y predisposición original pasiva con una serie de factores que
agudizan la fijación (complejo de castración, complejo de culpabilidad, ...).
Es posible que los auténticos
masoquistas prefieran las representaciones sexuales asociadas simbólicamente
con el dolor, la baja autoestima a la preocupación por los papeles sexuales; es
mucho más importante el hecho de que en su vida diaria sean personas
derrotistas y propensas a la mala suerte.
Esta propensión al infortunio está
en su lenguaje corporal y es como un pararrayos que atrae la chispa. Las
personas así son peligrosos compañeros, no porque el su juego sexual aparezcan
estos tipos de fantasías, sino por su capacidad para suscitar la infelicidad
propia y de los que le rodean. No hay que preocuparse por la preferencia
sexuales violentas o sumisas, puesto que satisfacen ciertas necesidades
exploratorias normales. Más bien hay que precaverse de las personas que están
continuamente abrumadas por infortunio tras infortunio.
El sentimiento de culpabilidad
profundo acerca del sexo y de las sensaciones corporales de lugar a una
incapacidad grave, sexual y social. Produce la imposibilidad de expresar cualquier
clase de aversión excepto contra uno mismo y suele terminar en accidente
mortal.
Las mujeres a las que les gusta que
el hombre las venza, las domine y las posea no son masoquistas; pero sí es
masoquista la que se complace en ser explotada o humillada socialmente.
Respecto a los sádicos, la gente
normal no está dispuesta a mantener una relación de pareja con una persona que
por razones idénticas a las que convierten al masoquista en continuo perdedor,
trata de representar una dominación de que carecen, mediante la humillación y
el rechazo de las personas que les aman y que no reconocen esta anormalidad.
Pero el tipo violento es un auténtico peligro en el juego sexual con extraños,
particularmente cuando el juego sexual es simbólicamente agresivo, que puede
convertirse en auténtico.
AGRESIONES SEXUALES A NIÑOS: LA PEDOFILIA
Introducción
Pedofilia o Paidofilia literalmente
significa “amante de los niños.
El contacto sexual de
un adulto con un menor puede tener riesgos para éste. Una de cada cuatro niñas
y uno de cada nueve niños, son víctimas de abusos sexuales. Más de la mitad
ocurren en el hogar de las víctimas y el agresor suele ser un pariente.
Erróneamente se
suele pensar que el agresor es un viejo, retrasado mental, loco, alcohólico o
drogadicto, sexualmente frustrado o impotente; que el niño es un seductor y
provocador; que es producto de una sociedad permisiva e inmoral; que es reflejo
de una mentalidad y moral de clases bajas.
La realidad, bien
distinta, muestra que suelen ser menores de 40 años –en ocasiones de unos 50-,
suelen ser conocidos, la mayoría de agresores no estaban borrachos o
intoxicados, no tienen deficiencia mental, ni suelen ser psicóticos, la mayoría
son heterosexuales, no muestran diferencias significativas con el resto de
personas. Se diferencian en que cuando tienen problemas no son capaces de
afrontarlos y encuentran alivio a su estrés en la actividad sexual con niños.
Tres retratos tipo
Un grupo desde su
adolescencia se han sentido atraídos por los niños, no tienen sentimiento de
culpa, actúan por compulsión, es algo que no pueden evitar, tienen sentimientos
y fantasías sexuales con niños, tienden a evitar las relaciones sexuales con
los adultos por miedo a ser rechazados –muy baja autoestima- y no les resulta
tan gratificante. Traba amistad con el niño contándole cuentos, enseñándole
juegos, haciéndole regalitos y, en fin, mostrándose como un compañero
cautivador. Es el pedófilo de
personalidad inmadura.
Otro, el pedófilo regresivo, en
principio prefiere a personas de su edad, pero cuando estas relaciones se hacen
conflictivas, se vuelca hacia los niños, muestra sentimientos de inadecuación,
se encuentra en crisis situacional física, social, marital, económica o la
combinación de varias, suele estar casados y su relación le resulta amenazante.
El pedófilo agresivo –la versión menos corriente- suele
presentar un historial de conducta antisocial y puede sentir una intensa
hostilidad contra las mujeres. Lo más común es que agreda a sus víctimas y les
cause daños físicos de importancia.
Los agresores son
individuos que tienen un ténue ajuste a las demandas de la vida, el abuso
sexual les sirve de compensación, con un pobre control sobre sus impulsos, poco
hábiles para tolerar las frustraciones y se estiman poco, parecen preocupados
por sus propias necesidades y sentimientos. No se angustian por su atracción
por los niños, ni muestran remordimiento o vergüenza, mienten clara e
intencionadamente; reprimen el acontecimiento y no tienen memoria de ello,
racionalizan la ofensa.
OBSERVACIONES
Generalmente se
tienen ideas tópicas sobre las agresiones sexuales a los niños, tanto sobre el
estereotipo del agresor (viejo, marginado, alcohólico, enfermo mental,...), como
sobre la concepción del niño provocador o perverso. Sin embargo la realidad
muestra que gran parte de estos casos suceden en el entorno de la victima, por
parte de algún familiar o amigo de la familia y el niño no suele mostrar
ninguna pretensión de jugueteos sexuales.
Pero todo ésto
a su vez da lugar a una serie de susceptibilidades en los adultos, los cuales
acaban sospechando que cualquier muestra de afecto sobre un niño puede delatar
a un abusador; igualmente otros adultos han de reprimir su cordialidad con los
niños para que nadie pueda pensar que sean muestras de depravación. Todo lo
cual puede desencadenar una relación de frialdad entre niños y adultos y, los
niños pueden llegar a percibir esto como muestras de rechazo hacia ellos.
Tampoco se debe olvidar,
que los adultos que tienen este tipo de inclinaciones, son personas que
necesitan ayuda, a pesar de que los hechos nos puedan horrorizar, pues es
probable que ellos mismos hayan sido víctimas de estos tratos y sea ésto mismo
lo que les ha desencadenado estos tipos de conductas.
Por otra parte,
pensamos, que precisamente una sociedad excesivamente moralista y puritana
podría ser el caldo de cultivo de los trastornos conductuales y emocionales que
dan lugar a la existencia del abuso sexual a niños. La represión, las
dificultades de comunicación, los estereotipos de modelos sexuales, hacen que
los individuos tengan dificultades para relacionarse con sus iguales, y tiendan
a buscar el contacto con los niños, ante los cuales no tienen complejos y se sienten
en relación de superioridad.
TRATAMIENTO
DE LAS PARAFILIAS
El parafílico raramente
busca tratamiento, salvo que se vea arrestado por los representantes de la ley
o descubierto por un miembro de la familia. Con alta frecuencia la parafilia
produce tal grado de placer que al sujeto le resulta impensable abandonarla.
Se han desechado el
psicoanálisis y la terapia con hipnosis dados sus pobres resultados.
Actualmente se recurre
a diversas técnicas conductistas:
·
Terapia de aversión -poco recomendable-.
·
Métodos de desensibilización : Progresiva
exposición a situaciones que generan ansiedad.
·
Reforzamiento de la capacidad de relación
: Entrenamiento en habilidades sociales. Incrementar la capacidad de empatía
con sus víctimas, principalmente si son niños/niñas. Aprender a ponerse en su
lugar
·
Recondicionamiento orgásmico : Justo antes
del orgasmo por masturbación, recurrir a fantasías apropiadas, no parafílicas
-p.e.: coito con esposa-
·
En ocasiones, se asocian antiandrógenos
para disminuir el deseo sexual y la frecuencia de evocación de escenas
sexualmente excitantes.
·
Como se trata de Trastornos por falta de
control de impulsos, es frecuente la prescripción de un antidepresivo,
habitualmente un I.S.R.S. Por otra parte mejora la depresión, tan
frecuentemente presente en los parafílicos.
SEGUIMIENTO Y PRONÓSTICO
Ya
que las recaídas son frecuentes, el seguimiento debe ser muy estrecho y
prolongado en el tiempo. La implicación de una persona muy próxima facilita el
cumplimiento terapéutico y mejora claramente el pronóstico.
La
curación es perfectamente alcanzable en muchos de los casos que llegan a la
consulta de un Sexólogo, que suponen un porcentaje irrisorio respecto al real.
Para finalizar,
quisiera animar a denunciar cualquier caso de sospecha de abusos sexuales a
menores, lamentablemente tan a la orden del día, con gran frecuencia en el
mismo entorno familiar. Protejamos de forma incuestionable los derechos más
elementales de los seres más vulnerables y a la vez más entrañables: Los niños
y las niñas.
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