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Dr. Joan Mir ha impartido en Abril de 2010 una ponencia en el Ilustre Col.legi de Farmaceutics, de Palma, titulada "Los trastornos depresivos y los nuevos antidepresivos". Próximamente, dado el éxito, la repetirá en el Hospital Son Dureta. Asimismo, a finales de Mayo el Dr. Mir explicará en el Centro de Salud  Escola Graduada, "Disfunciones sexuales femeninas", para profesionales.

Cabe destacar entre las publicaciones del Dr. Joan Mir, el "Vademécum sexual" documento único, muy valioso para todos los profesionales sanitarios, principalmente los médicos. 



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Roles de género Imprimir

La mayoría de la gente no sólo piensa que hombres y mujeres son bien distintos, sino que albergan también las mismas ideas sobre las formas en que se manifiestan las diferencias. Estas convicciones, basadas en una simplificación excesiva o el escaso juicio crítico reciben el nombre de estereotipos (tópicos, prejuicios...). Se ha concebido la masculinidad y la femineidad como dos elementos antagónicos que se excluían mutuamente, hoy se aceptan que en muchos individuos coexisten rasgos de una y otra índole.

Existen evidentes diferencias biológicas y actitudes que se adscriben a la mujer y al hombre, pero resulta casi imposible distinguir cuáles son innatas y cuáles superpuestas. Cada sociedad desarrolla sus sistemas de género a partir de la diferencia sexual entre hombres y mujeres. Estos “rasgos” son vistos como “naturales”, pero en realidad son construidos socialmente. Mediante las reglas trazadas por la sociedad, cada uno aprende a desempeñar su papel masculino o femenino. No existen papeles sexuales en la raza humana, cada época crea y transmite los suyos, depende de la época y del lugar, aunque siempre hay personas de uno u otro sexo que están encantadas y otras que detestan el papel que les haya correspondido.

Antes incluso del nacimiento los padres ya adoptan actitudes distintas sobre el sexo del niño. A menudo los padres especulan sobre el sexo de su futuro hijo y llegan a elaborar planes minuciosos y acariciar ambiciosos objetivos concernientes a la vida de la criatura.

En el momento del nacimiento, el anuncio del sexo del bebé desencadena una sucesión de pequeños eventos todos los cuales presuponen una diferenciación entre hombres y mujeres –por ejemplo, ropa azul para el niño y rosa para la niña-. Los amigos, parientes y padres hablan del aspecto del recién nacido proliferando en estas conversaciones los estereotipos.

En los primeros meses de la lactancia los niños tienen mas contacto físico con la madre que las niñas, en tanto que éstas son objeto de más contemplaciones, mimos y contactos verbales. Los padres también responden de distinta manera, según el sexo del hijo (reaccionan con mas presteza ante los lloros de la niña).

Hasta los 3 años no se desarrolla una identidad sexual básica, es decir, la íntima convicción de pertenecer a uno u otro género. A partir de esta edad, los niños empiezan a mostrar discernimiento de los roles sexuales en el ámbito familiar y en el mundo que les rodea.

Lo que de verdad interesa al niño de esa edad es jugar. Para estudiar su socialización del rol de género debemos atender a los objetos que emplea para entretenerse. Los juguetes de los niños invitan a la acción mientras que los de las niñas incitan a un entretenimiento pasivo, a menudo relacionado con las funciones del hogar.

Para cuando los niños acuden a la escuela primaria, las ideas preconcebidas sobre los roles de género se aplican con cierta irregularidad. (Si hacen lo contrario de lo que de ellos se espera la niña merece el apelativo de “graciosa” o “chicarrona” y el niño se le tacha de afeminado).

Durante los años de colegio persiste la aplicación de criterios diferenciadores del sexo en determinados juegos. Los niños pasan gran parte de su tiempo en la escuela donde en muchas aulas se dan estereotipos que afectan al rol sexual de género:

®    Los libros de historia proyectan una imagen de un mundo dominado por hombres.

®    A las niñas se les asignan tareas distintas de las que realizan los chicos.

Pero, además, están expuestos a evidentes estereotipos sobre roles de género cuando ven la televisión.  Los libros ilustrados y la televisión son elementos importantes en el aprendizaje de los papeles de género.

La adopción de los roles adecuados a cada sexo es más importante aún durante la adolescencia que en edades más tempranas. Los adolescentes varones deben atenerse a tres normas básicas en lo que atañe a los roles de género:

®    Sobresalir en los deportes.

®    Mostrarse interesados por las muchachas y el sexo.

®    No mostrar rasgos ni gustos femeninos.

Al iniciarse la adolescencia, se evidencia la expectativa de que los varones deben conseguir “logros”, y las mujeres casarse y educar a los hijos.

Muchas mujeres se ven impulsadas a convencerse de que un rendimiento excesivo menoscaba su femineidad y popularidad. Mientras que, los varones están condicionados por el imperativo de equiparar su masculinidad a su eficiencia y experiencia sexuales.

 

A pesar de las diferencias en la educación y del cambio de mentalidad que se está produciendo, los estereotipos sobre los roles de género en el ámbito de nuestra cultura suelen manifestarse en toda su realidad cuando el individuo alcanza la edad adulta.

Las expectativas en cuanto al rol de género en la edad adulta afectan al matrimonio, el trabajo, la política y el ocio. Para los hombres, aún cuando la experiencia heterosexual y el atractivo físico continúan constituyendo pruebas relevantes de masculinidad, en las clases medias y altas cada vez tiene más importancia el éxito profesional, que se mide por la categoría del trabajo desempeñado y por las rentas obtenidas. En cuanto a la mujer, el matrimonio y la maternidad siguen constituyendo el foco primordial de nuestras expectativas culturales, si bien en la actualidad este estereotipo empieza a cambiar de forma significativa.

La conducta sexual ha sufrido en gran medida los efectos de los estereotipos sobre los roles de género, como la regla de la discriminación sexual de la mujer y la idea de que el varón es siempre experto en materia de sexualidad. La legitimación de la práctica sexual en las mujeres es distinta a la de los varones: La sexualidad de la mujer tiene que estar legitimada por el amor. En el varón la sexualidad no atraviesa necesariamente por la demanda del amor. Muchos hombres y mujeres empiezan a darse cuenta de que no pueden lograr el placer que ambos desean hasta que comprendan que el sexo es una experiencia compartida en condiciones de igualdad.

En una relación en la que ambos consortes viven felices, los interesados tienen la sensación de igualdad de valor. Aún cuando al casarse se observe con frecuencia la regla de la equivalencia de valor de ambos cónyuges, sin embargo, no puede garantizarse con ello que en el transcurso de la vida común a lo largo de muchos años se conserve inalterable el equilibrio de valor propio. En las condiciones actuales el marido, gracias a su actividad profesional tiene más oportunidades para aumentar el sentimiento de su propio valor, mientras que la mujer, en su función de madre y ama de casa, se siente menos reafirmada.

Los testimonios de otras culturas indican que en nuestra sociedad muchas de las diferencias entre hombre y mujer derivan de ideas preconcebidas y de expectativas estereotipadas.

La desigualdad subjetiva entre hombres y mujeres obedece a:

1.    La carencia del poder.

2.    Al sometimiento de su palabra.

3.    A la ausencia de representación.

4.    A la gran dificultad de realización en un mundo masculino.

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