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En la relación de pareja podemos considerar tres aspectos fundamentales: la sexualidad, la compenetración y la habilidad en la resolución de problemas. A) Sobre la convivencia en pareja revierten unos nuevos factores que no se daban durante el periodo de enamoramiento; estos factores suponen asumir responsabilidades y afrontar una serie de problemas cotidianos: tareas domésticas, administración de la economía, crianza de hijos,... además de otros externos a la relación pero que igualmente les afecta. En toda pareja existen períodos de crisis o momentos en los que pasan por dificultades. Muchas de estas crisis son normales del proceso de evolución de la relación, mientras se va produciendo el acoplamiento del uno al otro. Pero, en las crisis más graves o persistentes, se puede necesitar de ayuda exterior. También, se ha de ser capaz de dar por concluida la relación cuando esta deja de tener sentido o se dan grandes discrepancias. Pero, la ruptura no debería suponer borrar la amistad u olvidar las experiencias vividas. Las rupturas pueden surgir porque uno o ambos no se atreven a afrontar el conflicto por miedo a perder su felicidad anterior; se aferran a las vivencias del pasado tratando de forzar a que el otro también lo haga así. El problema no siempre son las crisis; si no el pretender eludirlas o no quererlas ver. En algún momento de la relación pueden aparecen sentimientos negativos (enojo, celos, tristeza, soledad,..), sentirlos es tan sano y tan inevitable como los positivos. Si éstos son bien expresados, no se tienen por qué herir o culpar al otro. Cuando algo nos ha herido, se ha de expresar de manera directa, hablando de nuestros sentimientos, sin pretender que el otro adivine lo que nos está pasando. Los comentarios sarcásticos y reproches provocan irritación y acaban en peleas. Atacar y acusar al otro no hace que éste cambie, sólo provoca resentimientos. Es mejor expresar los sentimientos en el momento que éstos se han producido; mostrándolos de forma espontánea. Aunque, evitando los momentos de cólera; es preferible esperar la ocasión adecuada para el diálogo. B) En una relación de pareja en la que ambos tienen la sensación de igualdad, se da la oportunidad de que las disputas y controversias se lleven a cabo directamente y de “manera técnica”. Muchos disgustos conyugales graves surgen debido a que los conflictos no se afrontan con “armas iguales”. La relación de pareja ha de estar basada en la reciprocidad, en dar y recibir; pedir no es exigir. Las peticiones se han de formular en positivo, hablar de lo que nos gustaría en vez de lo que no nos gusta. Cuando se hacen las peticiones en forma de critica, sólo se consigue que el otro se sienta atacado y trate de defenderse sin escucharnos. El trabajo, el estrés y la rutina pueden provocar que la pareja deje de disfrutar de sus ratos libres; por lo que, atender a nuestras actividades recreativas mejorará la relación. Es necesario gozar de tiempo libre, disfrutar de la intimidad, relajarse y gozar del afecto y la sexualidad. Pero a la vez, toda persona necesita un tiempo para sí y si no se asume que el otro pueda disponer de su tiempo, se acaba minando la relación. El cuidado de los pequeños detalles hace mas grata y llevadera la convivencia, se trata de intercambiar conductas gratificantes, de tener la capacidad para sorprender al otro. Y para lograr esto, basta con cosas aparentemente insignificantes, tales como: sonrisas, escuchar atentamente, tener detalles, abrazos inesperados, ... En la base de toda buena relación está la comunicación. Comunicarnos bien significa que la otra persona ha captado lo que queremos transmitirle. Saber comunicarse es aprender a hablar, saber expresar lo que se siente y sobre todo saber escuchar. Se ha de tener en cuenta la coherencia entre los aspectos verbales y no verbales (los gestos, la mirada atenta, la postura corporal). Estos mensajes no verbales suelen transmitir lo más auténtico y espontáneo, o, incluso, contradecir lo expresado con palabras. Para establecer una buena comunicación, hemos de empezar por saber apreciar las cualidades del otro y que el otro se sienta apreciado, tener capacidad de comprensión o empatía (ponerse en el lugar del otro) y tratando de entender su punto de vista; dando y recibiendo atención y afecto. No se trata de hacer de la otra persona un absoluto o divinizar el sentimiento del amor, hemos de reconocer sus defectos lo mismo que sus virtudes y ayudarle a superarlos. Exaltar en demasía a la otra persona implica un nivel de exigencia muy alto, lo que puede hacerle sentirse incapaz de mantener la imagen tan elevada que se le ha atribuido. C) La sexualidad acompañada de afecto puede producir emociones muy intensas, pero, lo uno no es condición exclusiva para que se dé lo otro. La sexualidad es, también, compartir placer, y el afecto se puede mostrar aunque no se pretenda un contacto sexual. El contacto físico de manera cariñosa no sexual, es una forma de comunicación. Muchas mujeres se quejan de que sólo son tocadas cuando su pareja desea mantener relaciones sexuales, esto lo toman como una forma egoísta del hombre por satisfacer sus necesidades y no les hace sentirse queridas. Otra preocupación es si la frecuencia y variedad de su actividad sexual es la adecuada. La frecuencia de las relaciones sexuales y en concreto del coito, es muy variable de unas a otras parejas, dependiendo de las circunstancias (actividades, estado de ánimo, nivel de intimidad, etc. Lo importante no es la cantidad, sino la calidad de la actividad sexual, medida esta en función del nivel de satisfacción obtenido por ambos. Una forma de alcanzar un adecuado grado de satisfacción en la relación sexual, es observar y discutir las sensaciones de cada uno, considerando cómo se sienten después de la actividad sexual. Para que la actividad sexual se desarrolle adecuadamente, se necesita tener autoconfianza (sentirse atractivo para la otra persona), estar libre de ansiedad (principal bloqueante de la excitación), que exista una predisposición física y mental, y que se tenga capacidad de generar pensamientos sexualmente excitantes. También, hay diferencias en el nivel de interés sexual. El deseo cambia durante las diferentes etapas de la vida. Cuando la diferencia entre los niveles de deseo sexual es pequeña, las parejas pueden adaptarse hasta conseguir que ambos se sientan satisfechos. Pero, cuando hay mucha disparidad en el deseo sexual, puede afectar negativamente a la relación. Uno de ellos se puede sentir presionado para hacer algo que no quiere hacer, y el otro se siente rechazado y no querido. En esta situación, seria necesaria la ayuda de un terapeuta sexual. La preferencia por conductas sexuales específicas puede provocar conflictos cuando esta no es igualmente aceptada por los dos. Siempre que la conducta no sea repulsiva o dañina para el otro, el rechazo puede ser debido a simple desinterés. Las fantasías (tanto las realizables como las imaginarias) mejoran la calidad de la actividad sexual. |